“Todo parecía un chiste”
Hay experiencias que dejan una reflexión mucho más profunda de lo que inicialmente imaginamos.
Hace poco, durante la realización de un simulacro en un centro de trabajo, pude observar una situación que merece ser analizada con seriedad: para algunas personas, el ejercicio parecía más un momento de diversión que una actividad de prevención y preparación para una emergencia real.
Había comentarios, risas, distracciones y actitudes que transmitían la sensación de que aquello no era importante.
Todo parecía un chiste.
Y precisamente ahí está el problema.
Un simulacro puede parecer un juego cuando no se comprende su verdadero propósito. Sin embargo, detrás de cada alarma, cada evacuación, cada recorrido hacia un punto de reunión y cada instrucción de una brigada existe una pregunta que deberíamos hacernos:
¿Qué haríamos si esto realmente estuviera sucediendo?
Porque una emergencia real no avisa, no espera a que estemos preparados y, mucho menos, nos da una segunda oportunidad para aprender lo que debimos haber aprendido durante un simulacro.
Protección Civil no es solamente cumplir con una obligación
La Protección Civil no debe entenderse únicamente como la elaboración de documentos, colocación de señalamientos, integración de brigadas o realización periódica de simulacros.
Su propósito fundamental es proteger la vida, reducir riesgos y desarrollar la capacidad de respuesta de las personas y las organizaciones.
El Centro Nacional de Prevención de Desastres señala que el Programa Interno de Protección Civil permite identificar riesgos, establecer responsabilidades y organizar la respuesta ante emergencias. También destaca que la capacitación del personal es uno de sus componentes fundamentales.
Por ello, una Unidad Interna de Protección Civil no debería existir únicamente porque “la norma lo pide”.
Debe existir porque una emergencia puede ocurrir en cualquier momento.
- Un incendio.
- Un sismo.
- Una fuga de gas.
- Una explosión.
- Una persona lesionada.
- Una emergencia médica.
- Una amenaza externa.
- Una inundación.
- Una falla estructural.
- Una situación de violencia.
- cualquier otro fenómeno que obligue a las personas a reaccionar rápidamente.
Y cuando llega ese momento, la diferencia entre una respuesta organizada y una respuesta improvisada puede ser enorme.
Una brigada no es un grupo de personas con un chaleco
Éste es uno de los errores más frecuentes.
Pensar que integrar una brigada consiste simplemente en asignar personas, entregarles un distintivo y decirles:
- “Tú eres de evacuación.”
- “Tú eres de primeros auxilios.”
- “Tú eres de incendios.”
No.
Una brigada es mucho más que eso.
La Ley General de Protección Civil establece que una brigada está integrada por personas organizadas, capacitadas y adiestradas para desarrollar funciones básicas de respuesta ante emergencias, como primeros auxilios, combate de conatos de incendio, evacuación, búsqueda y rescate.
La palabra importante es:
CAPACITADAS.
Y también:
ADIESTRADAS.
Porque conocer algo no significa necesariamente saber hacerlo.
Y haber tomado un curso tampoco significa automáticamente que una persona sea capaz de desempeñarse correctamente bajo presión.
Saber, saber hacer y saber actuar
En Protección Civil debemos diferenciar por lo menos tres niveles de competencia:
1. Saber
- La persona conoce conceptos.
- Sabe qué es un incendio.
- Conoce los tipos de fuego.
- Identifica una ruta de evacuación.
- Conoce el punto de reunión.
- Sabe qué es un extintor.
- Conoce algunos principios de primeros auxilios.
2. Saber hacer
La persona puede ejecutar correctamente una acción.
- Puede utilizar un extintor de acuerdo con su capacitación.
- Puede realizar una evaluación inicial.
- Puede apoyar una evacuación.
- Puede comunicarse adecuadamente.
- Puede aplicar procedimientos establecidos.
- Puede proporcionar primeros auxilios dentro de los límites de su capacitación.
3. Saber actuar
Éste es el nivel que realmente se pone a prueba durante una emergencia.
La persona debe mantener el control, reconocer el riesgo, seguir procedimientos, comunicarse y tomar decisiones dentro de sus responsabilidades.
Y aquí aparece una realidad incómoda:
“Un simulacro permite descubrir si realmente sabemos actuar.”

El simulacro no es teatro
Un simulacro no debe convertirse en una representación teatral.
No se trata de que todos conozcan previamente cada movimiento para que “salga bonito”.
Tampoco consiste en evacuar rápidamente para después regresar al puesto de trabajo y decir:
“¡Listo! Salió muy bien.”
La verdadera pregunta es:
¿Qué aprendimos?
La legislación y la normativa relacionada con Protección Civil contemplan los simulacros como herramientas para verificar la eficacia de la organización de respuesta, la capacitación del personal, el entrenamiento, los recursos disponibles y los procedimientos de actuación.
Por eso, un simulacro exitoso no necesariamente es aquel en el que todo sale perfecto.
Puede ser precisamente aquel en el que descubrimos nuestras fallas antes de que ocurra una emergencia real.
Un mal simulacro puede ser un buen maestro
Imaginemos que durante un ejercicio ocurre lo siguiente:
- Alguien no escucha la alarma.
- Una ruta de evacuación está obstruida.
- Una persona no sabe hacia dónde dirigirse.
- El brigadista desconoce sus funciones.
- Nadie sabe quién tiene el mando.
- Se pierde tiempo buscando las llaves.
- Alguien regresa por sus pertenencias.
- Una persona utiliza el teléfono para grabar en lugar de atender las instrucciones.
- El punto de reunión no permite realizar un conteo adecuado.
- Nadie sabe quién falta.
- La comunicación entre brigadas es deficiente.
- El responsable no sabe cómo evaluar la situación.
¿El simulacro fracasó?
No necesariamente.
El simulacro acaba de revelar problemas que todavía tenemos la oportunidad de corregir.
El verdadero fracaso sería ignorarlos.
“Todo parecía un chiste”: una reflexión sobre la inmadurez
Aquí aparece un tema que pocas veces se aborda directamente:
La inmadurez frente al riesgo.
Reírse durante un simulacro, jugar, distraerse, hacer comentarios, ignorar instrucciones o tomar la actividad como una oportunidad para divertirse puede parecer algo inofensivo.
Pero debemos preguntarnos:
¿Qué sucedería si esa misma actitud apareciera durante una emergencia real?
La inmadurez no necesariamente significa falta de inteligencia.
- Puede ser falta de conciencia.
- Puede ser desconocimiento.
- Puede ser exceso de confianza.
- Puede ser la percepción de que “aquí nunca pasa nada”.
- Puede ser acostumbrarse tanto a los simulacros que dejamos de reconocer su importancia.
- Puede ser una cultura organizacional que premia la rapidez de cumplir con una actividad, pero no la calidad del aprendizaje obtenido.
Y también puede ser algo más profundo:
Personas asignadas a responsabilidades para las cuales nunca fueron adecuadamente preparadas.
No podemos exigir responsabilidad sin capacitación
Existe una contradicción que debemos evitar.
- No podemos pedirle a una persona que actúe correctamente durante una emergencia si nunca le enseñamos qué debe hacer.
- No podemos nombrar brigadistas y después asumir que aprenderán por observación.
- No podemos entregar un chaleco y creer que entregamos competencia.
- No podemos realizar un simulacro y considerar que la capacitación está terminada.

La NOM-002-STPS-2010 establece la necesidad de capacitación teórico-práctica en prevención y atención de emergencias relacionadas con incendios y contempla funciones, preparación y entrenamiento para integrantes de brigadas (específicamente a los integrantes de las brigadas contra incendio). También establece requisitos para la planeación y evaluación de simulacros.
Por lo tanto:
La capacitación no debe ser un trámite previo al simulacro. Debe ser un proceso permanente.
El conocimiento debe convertirse en desempeño
Una persona puede responder correctamente en un examen:
¿Cuál es la ruta de evacuación?
Pero eso no garantiza que durante una emergencia pueda conducir a otras personas hacia ella.
Puede saber:
¿Qué significa RCP?
Pero eso no significa que tenga entrenamiento práctico suficiente para ejecutarla.
Puede conocer:
¿Qué es un extintor?
Pero eso no significa que pueda identificar cuándo utilizarlo, cuándo retirarse y cuándo solicitar apoyo especializado.
Por eso la formación debe evolucionar:
Información → conocimiento → práctica → desempeño → evaluación → mejora.
Ese debería ser el ciclo de formación de una brigada.
El verdadero valor de un simulacro
Un simulacro debe permitir evaluar preguntas concretas:
Organización
¿Está claramente definido quién coordina la emergencia?
Comunicación
¿Las instrucciones fueron claras y oportunas?
Evacuación
¿Las personas conocieron y utilizaron las rutas establecidas?
Brigadas
¿Cada integrante conocía su función?
Primeros auxilios
¿El personal designado sabía cómo responder dentro de sus competencias?
Prevención y combate de incendios
¿Los brigadistas conocían los equipos disponibles y sus limitaciones?
Búsqueda y rescate
¿Se realizaron las acciones de acuerdo con los procedimientos establecidos y sin generar riesgos adicionales?
Concentración
¿El punto de reunión permitió organizar a las personas?
Conteo
¿Fue posible determinar quién estaba presente y quién faltaba?
Toma de decisiones
¿Los responsables pudieron responder ante situaciones inesperadas?
Recursos
¿Los equipos y medios disponibles eran suficientes y accesibles?
Tiempo
¿Cuánto tardó cada etapa?
Mejora
¿Qué debemos modificar después del ejercicio?
Un simulacro debe generar evidencia
No basta con tomar fotografías.
No basta con llenar una hoja que diga:
“Simulacro realizado satisfactoriamente.”
Un ejercicio verdaderamente útil debe generar información para mejorar.
La NOM-002-STPS-2010 establece que los resultados de los simulacros de emergencia por incendio deben registrar, entre otros elementos, las personas participantes, recursos utilizados, desviaciones detectadas, recomendaciones, duración y responsables de coordinación.
Por eso deberíamos preguntarnos:
- ¿Qué desviaciones encontramos?
- ¿Qué salió mal?
- ¿Qué salió bien?
- ¿Qué debemos corregir?
- ¿Quién será responsable?
- ¿Cuándo se realizará la corrección?
- ¿Cómo comprobaremos que la mejora funcionó?
Ahí comienza realmente la prevención.
La cultura de Protección Civil comienza antes de la emergencia
La cultura de Protección Civil no se construye el día del simulacro.
Se construye todos los días.
- Cuando una persona respeta una ruta de evacuación.
- Cuando mantiene despejada una salida.
- Cuando reporta una condición insegura.
- Cuando conoce la ubicación del extintor.
- Cuando participa seriamente en una capacitación.
- Cuando pregunta qué debe hacer.
- Cuando practica.
- Cuando corrige.
- Cuando entiende que su comportamiento puede afectar la seguridad de otras personas.
Ser brigadista es una responsabilidad, no un reconocimiento
Aceptar formar parte de una brigada debería implicar una reflexión personal:
- ¿Estoy dispuesto a capacitarme?
- ¿Estoy dispuesto a practicar?
- ¿Estoy dispuesto a seguir procedimientos?
- ¿Estoy dispuesto a mantener la calma?
- ¿Estoy dispuesto a aprender de mis errores?
- ¿Estoy dispuesto a asumir una responsabilidad que puede involucrar la vida de otra persona?
Ser brigadista no significa ser héroe.
Significa estar preparado para ayudar de manera segura, organizada y competente dentro de los límites de la propia capacitación.
Un brigadista que actúa sin preparación puede convertirse, incluso con buenas intenciones, en una persona adicional que necesita ser auxiliada.
Por eso la capacitación también debe enseñar algo fundamental:
Saber cuándo intervenir y cuándo solicitar ayuda especializada.
La responsabilidad también corresponde a la organización
No toda la responsabilidad debe colocarse sobre los trabajadores.
Una organización que desea contar con una Unidad Interna de Protección Civil efectiva debe proporcionar:
- Capacitación.
- Adiestramiento práctico.
- Equipamiento adecuado.
- Procedimientos claros.
- Recursos suficientes.
- Simulacros.
- Evaluación.
- Supervisión.
- Retroalimentación.
- Actualización.
- Seguimiento de acciones correctivas.
El Reglamento de la Ley General de Protección Civil señala que las actividades de seguimiento y mejora deben formar parte de un proceso de preparación continuo, incorporando la experiencia obtenida, y establece la necesidad de programas de capacitación para mantener la formación teórica y práctica del personal.
Esto significa que la Protección Civil no puede manejarse como una actividad aislada.
Debe convertirse en un sistema de mejora continua.
Del “cumplimiento” a la competencia
Tal vez una de las preguntas más importantes que debemos hacernos en nuestras organizaciones sea:
¿Estamos capacitando personas para cumplir una obligación o estamos desarrollando personas capaces de responder ante una emergencia?
La diferencia parece pequeña.
Pero no lo es.
Una organización puede tener:
- ✔ Brigadas integradas.
- ✔ Chalecos.
- ✔ Extintores.
- ✔ Señalamientos.
- ✔ Planos.
- ✔ Formatos.
- ✔ Fotografías.
- ✔ Simulacros registrados.
Y aun así tener una capacidad de respuesta deficiente.
Porque los documentos no responden a una emergencia.
Las personas responden.
- Los equipos ayudan.
- Los procedimientos orientan.
- La capacitación prepara.
Pero finalmente son las personas quienes deben actuar.
Una reflexión final
Quizá después de aquel simulacro alguien pueda decir:
“No pasó nada.”
Y efectivamente, no pasó nada.
Pero ésa no debería ser la conclusión.
La conclusión debería ser:
¿Qué aprendimos?
Porque un simulacro:
- No tiene como objetivo provocar miedo.
- Tiene como objetivo generar preparación.
- No busca encontrar culpables.
- Busca encontrar oportunidades de mejora.
- No pretende demostrar que somos perfectos.
- Pretende descubrir qué debemos corregir.
- Tampoco debe convertirse en una actividad para reír, jugar o cumplir con un requisito.
Porque el día que una emergencia sea real, nadie tendrá tiempo para explicarnos nuevamente qué hacer.
Ese día tendremos que actuar con el conocimiento, las habilidades y la disciplina que hayamos desarrollado previamente.
Por eso, cuando veamos una alarma, una evacuación o un simulacro, deberíamos cambiar nuestra manera de pensar.
En lugar de decir:
“Otra vez el simulacro.”
Deberíamos pensar:
“Otra oportunidad para prepararme.”
Y cuando alguien convierta el ejercicio en un chiste, quizá valga la pena preguntarle, sin confrontación:
“Si esto fuera real, ¿seguiría siendo divertido?”
La pregunta puede ser incómoda.
Pero también puede ser necesaria.
Porque en Protección Civil, la prevención comienza cuando dejamos de pensar que las emergencias solamente les ocurren a los demás.
Protección Civil no es jugar a estar preparados.
Es prepararnos para que, cuando ocurra lo inesperado, sepamos qué hacer.
Y esa preparación comienza con algo tan sencillo y tan serio como tomar un simulacro en serio.
La prevención no consiste en esperar que nunca ocurra una emergencia.
Consiste en estar preparados para responder cuando ocurra.
Marco normativo
| Nivel | Documento | Relación con el artículo |
| Ley | Ley General de Protección Civil | Brigadas, Unidades Internas y cultura de Protección Civil |
| Reglamento | Reglamento de la Ley General de Protección Civil | Programa Interno, capacitación, simulacros y mejora continua |
| NOM-STPS | NOM-002-STPS-2010 | Incendios, brigadas, capacitación y simulacros |
| NOM-STPS | NOM-030-STPS-2009 | Prevención, capacitación y acciones correctivas |
| NOM-STPS | NOM-019-STPS-2011 | Capacitación y prevención en seguridad y salud laboral |
| NOM-STPS | NOM-026-STPS-2008 | Señalización, rutas y equipos de emergencia |
| Guía técnica | CENAPRED — Programa Interno de Protección Civil | Planeación, prevención, auxilio y recuperación |
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Nitto Covarrubias







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